Dada la trascendencia de las teorías de hombres como Newton, Kepler y Laplace, y el desconocimiento acerca de los experimentos de Young, prácticamente todo el mundo daba por hecho que la luz poseía un carácter corpuscular, y no ondulatorio. De igual manera lo hacía Arago, quien proponía la idea de que la luz se refractaba, cambiando su dirección cuando cambiaba de medio del aire al agua.
De acuerdo con el modelo corpuscular, para ocasionarse tal desviación sería necesario que se ejerciese una fuerza en las partículas perpendicular a la superficie que separa el aire del agua, y que las aceleraría, de modo que al pasar a un medio más denso, viajarían más rápido. Arago proponía para el estudio de esta suposición un experimento consistente en hacer pasar un haz de luz por un tubo contenedor del medio a estudiar. de manera que un foco de luz incidiera sobre un espejo, que reflejaría la luz hacia el tubo por una abertura, para dirigirlo por su interior hasta un espejo cóncavo situado en el otro extremo del tubo, que reflejaría la luz de nuevo hacia atrás. Si este girase, la imagen rebotada se vería desplazada ligeramente, siendo esta desviación mayor o menor dependiendo de la velocidad con que la luz atraviesa el interior del tubo, y por tanto, cuánto tarda en ir y volver. El problema de tal experiencia es que la velocidad de la luz es tan alta que no hubiera sido posible medir la variación de esta de un medio a otro en un espacio tan reducido como son ocho o diez metros, medidas máximas de los tubos manejables en un laboratorio.
Aquí es donde Foucault entra en acción, y junto con su compañero Frizeau perfecciona el experimento de Arago, haciendo factible una medición más o menos precisa de la velocidad de la luz. Bien, el francés enviaba la luz de un arco eléctrico a un espejo situado a diez kilómetros del foco emisor, haciéndola pasar antes, tras ser reflejada por un primer espejo semitransparente (a través del cual se podía observar) por una rueda dentada girando a velocidad regulable impulsada por unas turbinas de vapor de invención del propio Foucault. Gracias al engranaje se conseguía enviar destellos de luz. Por medio de variar la velocidad de giro, se conseguía finalmente ver la luz reflejada por el hueco siguiente al que la había dejado pasar. Calculando el tiempo transcurrido entre diente y diente de la rueda a la velocidad de giro de ésta, y dividiendo los 2.000 metros que había recorrido la luz por esa cifra, se obtuvo un valor de la velocidad de la luz muy próximo al aceptado actualmente.
Posteriormente, el parisino experimentaría con tubos de 3 o 4 metros la variación de ese valor al pasar por agua y no por aire, concluyendo que la velocidad de la luz es menor si ésta atraviesa medios más densos, echando por tierra la teoría corpuscular. El valor más exacto que obtuvo de la velocidad de la luz data de 1862.

Muy bien, pero lo mismo, no pones las páginas.
ResponderEliminar