La que digamos sería la segunda parte del bello experimento fue incluso más simple, pues lo único que hizo Newton fue coger dos cordeles, uno rojo y otro azul, atarlos y observarlos a través del prisma. Al hacerlo vió el rojo desplazado hacia delante con respecto al azul, por lo que concluyó que el prisma no generaba color, sino que refractaba de distinta forma cada uno de los colores.
Como guinda, realizó una tercera experiencia ante los miembros de la Royal Society. En ella, hacía pasar la luz blanca por un prisma, para proyectar su espectro sobre una pantalla con un agujero. Girando el prisma conseguía que un color u otro pasase por el agujero. A continuación, el color seleccionado pasaba por un segundo prisma, y se proyectaba sobre otra pantalla, siendo ahora la proyección circular y no oblonga, y del mismo color que se había dejado pasar.
Al seleccionarse solo un color de la descomposición, este no puede descomponerse más, por lo que su paso por el segundo prisma solo supone una desviación, ya que no afecta de otro modo.
La explicación del arcoiris fue posible gracias a este experimento, siendo de la siguiente forma: La luz solar blanca se encuentra con una gota en un ángulo determinado, actuando esta como un prisma, reflejando parte de esa luz en una dirección determinada, con otro ángulo distinto. El conjunto de gotas refractoras causantes del arco iris se disponen formando un arco perfecto. Se forma así el arco iris primario. Las gotas con otro determinado ángulo forman el arco iris secundario, el cual, al haber mayor número de reflexiones y refracciones es más tenue, y además se invierten los colores. Entre ellos hay una zona más oscura, debido a que allí se refleja más luz hacia atrás que hacia delante. Las refracciones que sufren los rayos se describen en el dibujo del margen.




Muy bien.
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